Por más de dos décadas, el escenario político de Las Toscas ha estado marcado por una relación tan volátil como determinante: la de Federico Pezz y Leandro Chamorro, dos dirigentes radicales que, entre amores y odios, fueron escribiendo una historia de alianzas, traiciones sistemáticas y pactos impensados con el peronismo. Una historia donde los intereses personales y la supervivencia política parecieron pesar siempre más que la lealtad partidaria o los principios ideológicos.
Todo comenzó en 2005, cuando Darío Vega ejercía la intendencia de Las Toscas. El radicalismo, unido bajo el liderazgo de Federico Pezz padre, amenazaba con recuperar el gobierno local. La campaña era sólida, prolija y con buen ritmo. Sin embargo, a pocos días de las elecciones, todo se desinfló. ¿El motivo? Un acuerdo entre Federico Pezz hijo, su entonces mano derecha Rafael Blanco, y el propio Darío Vega, sellado en Santa Fe. Esa jugada determinó el resultado: Vega se impuso por apenas 80 votos.
Dos años después, en 2007, se da uno de los movimientos políticos más audaces de la región. Pezz hijo logra convertirse en senador departamental gracias a un nuevo acuerdo con Vega. Este, enfrentado al senador peronista Tato Ocampo, se presenta como candidato a senador por fuera del PJ, cosechando alrededor de 3.500 votos claves. Exactamente los mismos que le faltaron a Ocampo para renovar su banca. Pezz gana, pero no por el radicalismo: lo hace gracias al voto peronista dividido, propiciado por Vega.
La historia continuaría con más capítulos de tensión. En 2009, Leandro Chamorro llega a la intendencia tras vencer ajustadamente a Vega. Lo hace con el respaldo de todo el radicalismo, aunque no era su candidato predilecto. Sin embargo, una vez en el poder, Chamorro se distancia de Pezz y del partido, desarma su propio gabinete y excluye a los dirigentes radicales que lo habían acompañado. El quiebre es total, y el radicalismo estalla.
En 2013, se avecinaba la reelección de Chamorro y se reactivan los vínculos con el radicalismo. Sin embargo, las fricciones resurgen cuando Pezz comienza a dialogar con Vega, quien postulaba a su esposa Analía Deltín como candidata a intendenta. Chamorro, al sentirse traicionado, maniobra para impedir que la escribana “Chabela” Benítez, representante radical, acceda al Concejo. Así, impulsa el voto a favor del peronista César López, quien finalmente se impone y logra una banca histórica ingresando el y su segundo.
En 2015, ocurre otro hecho insólito: Pezz había impulsado la candidatura del radical Hugo Firmán en Reconquista, quien ganó la interna y obtuvo un caudal de votos impresionante. Pero, en su círculo privado, Pezz reconocía que si Firmán ganaba la intendencia, él perdería poder. Por eso, según se comenta en pasillos políticos, habría pactado por debajo de la mesa con el PJ. El resultado fue claro: Enri Vallejos, del peronismo, se convierte en intendente.
Dos años más tarde, en 2017, Pezz decide enfrentar a Chamorro directamente por la intendencia de Las Toscas. La campaña fue dura, con denuncias y agravios personales. Pezz, candidato de Cambiemos, llegó a acusar a Chamorro —candidato del Frente Progresista— de ser “el intendente más corrupto del norte de Santa Fe”. Las declaraciones eran tan fuertes que parecía imposible una reconciliación futura. Sin embargo, la política —como la vida— da sorpresas.
En 2019, tanto Pezz como Chamorro se postulan como senadores. Pezz presenta al arquitecto Alberto Richter como candidato a concejal, pero luego lo abandona para sellar un nuevo acuerdo con Darío Vega. En Villa Ocampo, repite la fórmula: apoya a Eduardo Richter, candidato a intendente del PJ, a cambio de votos para su propia candidatura.
Chamorro, por su parte, se lanza a una carrera senatorial enfrentado con el senador Orfilio Marcón, molestos por no haberle otorgado una candidatura a diputado. Recurre a los recursos municipales para financiar su campaña: bicicletas, electrodomésticos y shows musicales inundan la región. Pierde estrepitosamente la interna, pero no se retira: empieza a militar abiertamente para el peronismo, apoyando a Amado “Titi” Zorzón como senador y a Omar Perotti como gobernador.
En 2023, Pezz y Chamorro vuelven a aliarse, esta vez bajo el ala de Carolina Losada. Sin embargo, al ganar la interna Maximiliano Pullaro, el concejal Miguel Delssín, parte del equipo de Chamorro, decide respaldar al candidato vencedor. Su “rebelión” le cuesta la expulsión del espacio. Chamorro da la orden de apoyar nuevamente a César López y al candidato a gobernador peronista Marcelo Lewandowski.
Y así llegamos a este 2025, donde todo parece igual. Chamorro decide no postularse a un nuevo mandato y apoya a su viejo aliado, Federico Pezz, como su sucesor. Unidos para Cambiar Santa Fe presenta tres candidatos: Pezz, Iván Sánchez y Delssín. Sánchez gana la interna con holgura, pese al aparato oficialista. Pezz y Chamorro, nuevamente derrotados, deciden no acompañar a su propio frente y, según se supo, ordenan apoyar al peronista Nelson Sánchez. Incluso, Erick Aguirre, candidato a concejal en la lista de Pezz, se encarga hoy de manejar las redes sociales del postulante kirchnerista.
Una historia que se repite
Los últimos 20 años de política tosquense muestran que las lealtades partidarias han sido —en el mejor de los casos— relativas. Tanto Federico Pezz como Leandro Chamorro han sabido girar hacia donde sopla el viento del poder. Pactaron con adversarios, enfrentaron a sus propios aliados, y cruzaron de vereda sin pudor cuando el contexto lo exigía.
En ese camino, el peronismo ha sido muchas veces el comodín necesario para sostener sus proyectos personales, aun cuando eso significara dinamitar puentes con sus propias bases. Esta crónica, más que una simple sucesión de hechos, es un espejo de una forma de hacer política donde las convicciones muchas veces se subordinan a la oportunidad. Una historia que parece no tener final.

