DIOS LOS CRÍA Y EL VIENTO LOS AMONTONA

En las últimas horas, en la ciudad de Villa Ocampo, el usurpador devenido en comunicador —que ahora se presenta cual paladín de la justicia— salió al cruce de nuestro trabajo periodístico con el objetivo de defender la “honorabilidad” del contador Roberto Alegre.


Lo llamativo no fue la crítica en sí, sino el trasfondo.
Según pudo saber este medio, el mismo personaje, conocido en la comunidad más por la usurpación de vivienda que por su trayectoria profesional, habría sido contratado por el entorno de Alegre para intentar limpiar su imagen ante la opinión pública. De pronto, quien hasta ayer acumulaba cuestionamientos propios, hoy pretende erigirse en fiscal de la ética ajena.


Las versiones que llegaron a nuestra redacción indican que la contratación no habría sido sencilla. El autoproclamado comunicador —con ínfulas de licenciado pero con realidad de linyera— habría solicitado un “honorario” elevado por el servicio.


El paquete, dicen los trascendidos, incluía un cartón de cigarrillos, un paquete de polenta y un kilo y medio de alitas de pollo. Demasiado, al parecer.


Alegre no habría estado dispuesto a pagar semejante precio por su defensa mediática y habría contraofertado con tres paquetes de cigarrillos Rodeo y un kilo de menudo. Finalmente, el acuerdo se habría cerrado en esos términos.


Así, entre favores, operaciones y defensas a medida, se tejen estas curiosas alianzas donde la ética cotiza en oferta y la credibilidad se negocia al peso.

Ahora resta saber cómo continuará esta novela, pero algo sí queda claro: en la dulce y cordial Villa Ocampo, una vez más, Dios los cría… y el viento los amontona.

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